En vuelo

Amo volar. Siempre he sido un ave libre, he desplegado mis alas y he sentido cómo el viento acariciaba mis plumas. Nadie puede explicar, si no lo has vivido, la sensación de cómo vibra tu cuerpo mecido por el aire en caída libre, ni cómo un pequeño movimiento te hace girar sobre tí mismo haciéndote virar serpenteando el cielo.

Una vez los pies abandonan la seguridad de la tierra es ese cielo el que te acoge, te acuna en su regazo ingrávido, te balancea y te mece susurrando una canción delicada y discreta. Volar es libertad, es cambiar la perspectiva por la más cercana a la de Dios y a la vez contemplarnos a nosotros mismos inmersos en ese baile cósmico, en esa danza de viento.

Puedo jugar con las nubes y ver por encima de las montañas. A veces el horizonte se hace curvo si subo demasiado y la redondez del planeta me hace sentir en casa. Mi casa, un pequeño globo esmeralda que vuela el cosmos en busca de luz. Una roca que danza al compás de la música de las estrellas. Un día volveré a volar más allá de esa nubes, volveré al espacio, tocaré el firmamento con mis alas.

Entonces regresaré y podré decir de nuevo que soy libre de volver y he decidido eso,  justamente volver. ¿Para qué? No lo sé, lo he olvidado, o más bien mi mente lo ha olvidado, pues mi corazón no ha dejado nunca de anhelar de dónde vine. No soy de ningún lugar, soy de todos lados. Soy todos esos lugares a la vez, todos esos seres a la vez. Los inmensos como galaxias y los minúsculos como hormigas, los aparentemente inertes como piedras y los vívidos e inquietos como pájaros. Soy todo y a la vez nada, pero ante todo no me detengo, sigo volando. Estoy de nuevo, aquí, en vuelo.

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12 Comentarios

  • Bellas palabras, bellos sentimientos, bellas imagenes.

  • Chico, no paras de sorprenderme. Ayer vestido de superhéroe y hoy en modo poeta. Eres una caja de sorpresas, pero como verás no puedes escaparte… Un abrazo!

  • Son preciosas. Etereas, oniricas. Estupendas Fran.

  • Muy acorde con tu nuevo logo, aunque no sea un colibrí! Que pájaro es? La primera foto parece una pintura!!

  • Que delicadas, trasmiten mucha tranquilidad.

  • Sin duda eres todo un pintor porque tus fotos pasan a otro nivel y se convierten en cuadros…
    Aupa Antiflash!!!!!!

  • Gracias a todos y todas!! El pájaro es típico de las seychelles. Como allí hablaba en inglés no te lo sé traducir. Es un Fairy tern bird, algo así como una golondrina de mar hada. Había muchos y me subí al faro para ponerme a su altura de vuelo. Besos!

  • Qué caña!

  • Ningún Lugar está lejos Fran… veo que ya no necesitas del anillo mágico… jajaja. Bien, bien…

  • Mientras leo tus hermosas palabras y veo tus maravillosas imágenes escucho “Les jours tristes (instrumental)” de la BSO de “Amelie”… creo que deberías añadir este audio al post para redondear su belleza 😉

  • lo describes tan bien que no sé si incluso hemos compartido otros cielos… seguiremos volando…
    abrazos

  • Ha sido una delicia ir viendo las fotos y dejarme sorprender por ellas. Lo he vivido como una historia narrada. Exquisitas tus fotos!, tienes mucho arte. Eduardo

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Días en las Seychelles

No he querido mezclar las fotos de la preboda, la boda y otras aquí en el blog, para intentar mantener una estructura lógica. Pongo aquí algunas fotos y comentarios para que vayan comprendiendo la experiencia y poder compartirla también con todo el mundo, para que imaginen mejor lo que aconteció en este fantástico viaje. hay mucho más, cientos de fotografías más, pero… tengo demasiado poco tiempo. No quería dejar pasar más sin compartir un poquito más de esa historia.

Estábamos Laura, José y yo preparando por la noche la boda del día siguiente. El porche de la casa frente al océano era acariciado por una suave brisa y yo leía en inglés el papel de la jueza ensayando cada uno sus partes (ponía acento seycheliano, jaja).

De pronto este pájaro aparece volando y se posa en unas bolas de adorno que estaban en medio de la mesa. Me dejó acariciarle y tras ver que tenía unas semillas pegadas a las plumas, entre José y yo se las quitamos. Luego lo dejé cuidadosamente sobre la misma bola, nos miró y bajó para irse de nuevo a la playa. Nos quedamos atónitos ante la naturaleza en esta isla. Como no hay depredadores, los animales confían en los humanos. Me temo que más de una vez se habrán llevado una desagradable sorpresa. Yo no confiaría en los humanos.

Esta es Rigoberta. Bueno, así le pusieron José y Laura cuando apareció en su casa. Para que se hagan una idea del tamaño luego habrá fotos, pero aproximadamente medía cerca de un metro de longitud. Yo la levanté (o lo intenté) apenas unos centímetros del suelo y calculo que pesaría unos 60 kilos. Es muy cariñosa, se deja acariciar y tocar, y hasta subir. Sacaba la cabeza para que la acariciaran, como luego verán en otras fotos. La mañana siguiente estaba en la puerta de mi casa, para darme los buenos días. Era curiosísimo seguir su rastro en la arena por toda la isla.

Esta era mi playa, la que había frente a mi casa. Playa privada digamos, jaja, porque no vi en ningún día a nadie. Está al otro lado de la isla, mirando al norte. Era para mí, mía, sólo mía y esta imagen la guardaré para siempre muy dentro de mí. Muestro las dos fotografías que compondrían la panorámica.

Esto son los rastros de los cangrejos en la arena.

Esta era mi casa. La número 9. No os la enseño por dentro porque me da cosa… era impresionante.

Aquí está José haciéndole fotos a Rigoberta con su Nikon. Pueden apreciar el tamaño de nuestra amiga.

¿Quién ha dicho que las lagartijas no toman café?

Los nombres de cada uno de los invitados estaban así preparados en la mesa de la cena para esa noche.

Así comenzaron a preparar la boda frente a la casa de Laura y José, que fue donde se celebró. El arco que luego llenarían de flores de la isla y un camino de cocos.

El regalo que Laura y José dieron a cada uno de los invitados fue un bote que contenía arena de la playa. Para que se llevaran un poquito del lugar donde se casaron. Una idea muy original.

Laura estaba muy guapa aquí, preparándolo todo.

Este era el cartel de la casa de ellos, la número 30, la suite nupcial, jaja.

Por la mañana, cada uno de los invitados halló este corazón colgado en su puerta. Puertas sin pestillos, abiertas todas en toda la isla. Algún día viviremos de nuevo así.

Este es Sanjai, uno de los trabajadores de la isla, de origen hindú, como la mayoría junto a etiópes y somalíes. Su dulzura era impresionante, siempre atento a cualquier cosa que pudiéramos necesitar, incluso antes de que nos diésemos cuenta de ello. Aparecía constantemente con sugerencias que ni siquiera se nos habían ocurrido.

Cuidaba todos los detalles, con un cariño y una pasión por su trabajo desmesurada. Le mando un abrazo enorme desde aquí tan lejos. Aquí iba de camino a casa de Laura y José para llevarles el desayuno el día de la boda. Yo lo intercepté en la selva y me fui con él.

Nicolás al final se convenció de que la tortuga no saldría corriendo con él encima, jaja. Debo anotar que esta no era de las más grandes. Abajo el detalle de cómo se dejaba acariciar por José Vicente.

José y Nicolás dándose el último baño.

Me despido con una fotografía que tomé cuando dábamos la vuelta a la isla. Parte de mí quedó allí y no tendré más remedio que regresar para buscarlo. Gracias a todos! Gracias a José y Laura! Gracias a su familia y a la gente de las Seychelles!

Reflexiones del viaje a las islas Seychelles

El aeropuerto de Mahe, la isla principal de las Seychelles, comienza a llenarse de los pasajeros que vamos a París esta noche. Estoy triste, porque debo despedirme de este paraíso, de estas islas tan oníricas y porque ha terminado la boda de Laura y José, una boda muy especial. Publicaré esto en los próximos días, pero no podía dejar de escribirlo in situ, (compartiendo alguna foto suelta) sintiendo la misma cálida brisa que me ha acariciado todos estos días, respirando un aire cargado de bucólica nostalgia y mirando aún algunas de las sonrisas que en estas islas te dedican todos sus habitantes. Hace unas horas aterricé aquí desde la isla Denis, el paraíso personal para mí. Una isla que pueden intentar imaginar recordando la diminuta ínsula de Tom Hanks en Náufrago, aunque más pequeña aún.

Traigo la maleta llena de caracolas, coral y arena en frascos (uno de ellos regalo de la pareja, para que siempre recordemos los que allí estuvimos que en esa playa se casaron). Es diferente escribir esto aquí, con esta perspectiva tan real de mi insignificancia en un pequeño planeta azul. Hoy en pleno océano índico, en unas horas en París, donde estuve la semana pasada, mañana en casa, en Granada, para pronto ir a República Dominicana, Cuba y acabar en Uruguay otra vez. Uno siente que es pequeño, una mota de polvo en brazos del viento, una minúscula esencia mecida por el destino que no debe pensarse de un lugar, sino pasajera de un vuelo eterno de libertad. El avión que ahora me lleve a casa, el octavo en esta semana, me dejará sólo donde tengo gente que me ama, pero mi casa, mi hogar sé ahora es todo el cosmos, allá donde esté será mi casa, mi paraíso.


Mi vuelo sale en dos horas y con mi única pequeña maleta y las cámaras al hombro busco un enchufe para compartir todo esto con vosotros. A petición masiva de quienes leen este blog le daré un toque mucho más personal a mis textos y estos serán mucho más presentes. Gracias por ello, es algo muy importante para mí. La implicación personal en mi trabajo es fundamental para lograr el mayor éxito, y esta boda es ejemplo de ello. No puedo separar mi trabajo y mi vida, porque mi vida es en gran parte mi trabajo y porque vivo mi trabajo plena y apasionadamente. Esto puede sonar cursi, pero… lo siento, es la realidad y quien me comprenda, por favor que sienta mis más sentido agradecimiento.

El Domingo estaba paseando por la T4 en Madrid, esperando el vuelo a Roma. Frente a la puerta J52 un hombre de unos 45 años cayó desplomado al suelo. Iba vestido como yo, con pantalón corto y chanclas, seguramente porque iba a algún lugar tropical, o quien sabe si iba a sentarse junto a mí en ese avión. Rápidamente acudieron los servicios médicos y el hombre no despertaba. Su corazón había dejado de latir, no respiraba. Podía ver la gente a mi alrededor, mirando, curiosos, incluso riendo. No podía creerlo.

En breve la seguridad y los médicos alejaron a todos y yo me aparté discretamente sentado en una cafetería. Desde allí traté de acompañarle. Durante media hora trataron de reanimarle y sus músculos sólo se movían tras las descargas eléctricas. Se fue sobre una camilla, pálido, aunque yo sé que realmente fue a otro lugar, otro más hermoso. La gente pasaba y miraba, como si fuera una función callejera, y fue muy triste. Ese hombre murió sin que a nadie le importara, porque todos estaban muy atareados en no perder su vuelo. Él voló más alto que todos los que allí estábamos, su vuelo era directo al cielo. Ese día, aprendí que la gente tiene demasiado miedo a la muerte, tanto que la desprecia, intentando apartarla de ellos. Cambia la vida cuando uno ve la muerte tan cerca, cuando no la repudia, cuando la acepta. Vivo pues, sabiendo, aceptando la muerte como una realidad, pero no algo malo, sino un hastaluego porque sólo se trata de tomar un avión a otro lugar. Es seguro que volveremos a vernos, aunque quien sabe en qué destino.

Siguen llegando más pasajeros al aeropuerto de Seychelles. Es jueves y regreso a España, ya que el sábado tengo otra magnífica boda, la de Carolina y Armando. Pese a la presión del tiempo que fluye incesante este viaje ha sido como me suponía, un antes y un después, un cambio interno profundo arraigado en lo más atávico de mi existencia humana. Puede sonar exagerado, extraño, pero un viaje que como este se suponía turístico y típico ha sido en realidad un encuentro, en muchos sentidos. He hallado una parte de mí mismo que desconocía, algo he encontrado en la soledad más inmensa de una isla perdida en la nada, en una noche estrellada como jamás puede imaginar ningún ser humano de los que supuestamente nos llamamos “civilizados” viviendo en mundos “civilizados”.

Un encuentro con Laura y con José, dos personas más que magníficas, dos seres más que especiales que me permitieron el honor y la responsabilidad de venir aquí, tan lejos, para sentirnos tan cerca los unos de los otros. Un encuentro con su familia, ahora una familia más unida, también tocada por la extraña magia que nos envolvió de la nada en aquella diminuta isla perdida en un mar de ensueño.

Mi primer encuentro con millones de estrellas hace unos días jamás podré olvidarlo. Aún siento y sentiré mis pies hundiéndose en la arena, -una arena blanca y coralina-, caminando con la boca abierta y los ojos desorbitados. No olvidaré los siete pasos que di entregándome a la profundidad del cosmos, al abismo de un océano sembrado de estrellas palpitando.

Como decía José Vicente, el padre de José, tumbados en la playa a altas horas de la madrugada tras la fiesta; -todo ser humano debe tener esta experiencia, aquí o en cualquier lugar del mundo que permita contemplar el cielo así, sentirse uno tan solo y a la vez tan acompañado y unido a todo. Algunas personas de las que me leen pensarán que me pongo muy místico, pero yo les pregunto: ¿Hay acaso algo más trascendental e importante para nosotros que nuestra propia existencia, que nuestra felicidad, que el hallar respuestas a quienes somos? Vivo cada día como si supiera que moriré al siguiente. ¿Han pensado alguna vez así? Es algo maravilloso, le cambia a uno la forma de ver la vida, a los demás, relativiza todo y otorga el verdadero sentido de las cosas.

Compartir esto, hablar de esto, es ser realmente nosotros mismos, sin temores ni vergüenzas, sin miedos ni excusas, tal y como hacíamos Jorge, Isabel y yo en París la semana pasada, José Vicente y yo en una orilla estrellada de las Seychelles, como charlábamos Laura, José y yo, ya solos, sentados en la mesa donde habíamos celebrado la cena, junto al mar. Víctor, el padre de Laura, conversaba conmigo también acerca de la satisfacción de ver como los hijos de uno son felices y cómo uno descansa tras saber habido transmitir cómo ser feliz a los que tanto ama. Ahora que soy padre y mi hijo comienza a sus once años a comprender la vida, siento esa responsabilidad y parto de la premisa de que sé lo lograré.

Aunque cada día en este mundo parezca más difícil sobrevivir con este planteamiento, la realidad es que sé que está cambiando todo, que algo mágico está ocurriendo. Y el motivo principal es que si las cosas siguieran igual nos quedaría poco sobre este planeta porque íbamos inexcrutablemente hacia la destrucción total, como seres físicos y como seres espirituales.

Llegué a estas islas sinceramente pensando que no me sentiría cómodo por el calor, la humedad y mi ancestral odio al sol, la arena y la sal. Después de dos días en ciertos momentos no podía concebir otro forma de vida, otro lugar donde existir, otra manera de ser. El mar me abrazaba, la arena me hacía hueco en su forma para protegerme, el viento hablaba susurrando y las estrellas murmuraban que todo eso era real. Estar en un lugar tan diferente a lo cotidiano impresiona y cambia los conceptos, rompe los prejuicios y purifica el alma.

Un cangrejo ermitaño cabalga por la arena con una caracola sobre él, y cuando me ve, me teme y se esconde. Tímidamente atisba el exterior comprobando que mi atención sobre él es pasiva, y prosigue su camino a la selva. En esa selva, negra más que oscura, un coro de aves exóticas elevan una plegaria al cielo. Parece que repitieran a las estrellas que me convenza de una vez que el mundo, su mundo, mi mundo, es más mágico de lo que siempre creemos. Como ese cangrejo, siempre llevamos una coraza a cuestas, como esperando a cada instante un susto de la vida, para tener donde cobijarnos ante tanto miedo. Tememos todo, tememos el vacío, el infinito, la nada, la muerte. Tememos lo que no comprendemos, pero… sólo podemos comprenderlo cuando dejamos aparcados los miedos. Entonces, como una estrella fugaz en ese cielo con millones de estrellas, aparece la verdad, y llega la calma, la paz, la comprensión. No quiero esperar a caer fulminado esperando un avión en la T4, quiero mucho antes saber quien soy, y así poder elegir el vuelo que ese día desee tomar.

  • Boda de Paloma & Leo

    Málaga , España

  • Boda de Vania & Erick

    Cancún, México

  • Boda de Estefanía & Cristian

    Málaga, España

  • Preboda de José & Annina

    Granada, España

  • Boda de Ana & Juanjo

    Granada, España

  • Boda de Tamara & Javi

    Granada, España

  • Preboda de Marian & Jesús

    Granada, España

  • Boda de Laura & José

    Denis Island, Seychelles

  • Boda de Annina & José

    Ronda, España

  • Boda de María José & Antonio

    Almería, España

  • Boda de Lucía & Pablo

    Montevideo, Uruguay

  • Boda de Annette & Gerard

    Barcelona, España