El pastor que se compró un Ferrari

 

Ya está a la venta mi nuevo libro, el tercero. En El monje que vendió su Ferrari de Robin Sharma un abogado de éxito vende su coche para poder viajar a la India y reencontrarse consigo mismo. Esta es la historia de la persona que lo compró, un pastor que sabía que no debía irse a ningún lugar lejano para encontrar un maestro con una túnica naranja que le dijera cómo debía vivir. En esta novela de crecimiento personal, todos somos maestros y la riqueza no está alejada de la espiritualidad.

 

Puedes comprarlo en cualquier librería de España, Fnac, Carrefour, Corte Inglés y similares. Pronto en América y en Kindle. También puedes pedirlo en Amazon y en la tienda de la editorial:

 

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https://www.muevetulengua.com/libros/libros/152-el-pastor-que-se-compro-un-ferrari-de-fran-russo.html

 

Leed esto, por favor, no os quedéis solo viendo las fotos. No entenderéis estas fotos sin leer, ni siquiera son mías. Muchos textos son importantes. Como ya sabéis hace unos meses visité la comunidad Shipibo que emigró a Lima desde la selva e hice un reportaje.

Mi amiga Sheila me dijo que me iba a enamorar y así fue. Las fotos podéis verlas en mi Bitácora o sencillamente buscando en google «Cantagallo Fran Russo». Hay varios post.

Yo hice el reportaje pero no quería que fuera como muchos que toman fotos y se olvidan de esas personas. Publican sus fotos en sus medios sociales alardeando de buenos fotógrafos pero olvidan su compromiso. Olvidan que ellos son personas y que tú eres el privilegiado.

Yo hice las fotos para ellos. Publicarlas yo (he publicado unas pocas solamente) es algo secundario. Quería que las fotos se las entregaran a ellos y así ha sido. Sheila y Mariana, que colaboran con la comunidad, hicieron las fotos mientras les entregaban mis fotos. Fue maravilloso! Me impactó ver esas fotos y la reacción de ellos.

Ahora el proyecto he querido que crezca y unir a ambas comunidades, a la desplazada y a la original en la selva con fotos. Compartiendo con fotos la vida de unos y otros y conviviendo con ellos. Iré pronto de nuevo a Perú para este y otros proyectos.

Si alguien quiere ayudar tienen una escuela con unos proyectos maravillosos que necesitan de vuestra ayuda. Ellos y mil comunidades más, ellos y millones de personas más. Seguro que halláis a quien ayudar.

No hay nada más hermoso que ser un privilegiado que puede hacer regalos, que puede compartir lo que tiene y lo que obtiene. Y si ademas es con lo que más ama, mejor. Besos y abrazos miles!

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¿Que no quieres ver la foto? ¿Que se trata de un niño muerto en una playa y no quieres ver esto en tu vida? Eres un ignorante. Un ignorante de la vida porque la vida es eso, no es solo lo que quieres ver.

¿Qué es lo que no quieres ver? ¿Tu propio miedo? No, no le distorsionen la cara, su carita de ángel, que todos vean su sueño, sus manos, su dulzura dormida y su ternura naufragada en esa playa. No podré volver a ver la arena de una playa sin recordar a Aylan y sin darle las gracias.

Mira, mira la foto, mira a Aylan sin vida y envíale toda la luz que pueda tu alma. Porque jamás le darás tanta como ha dado él a nuestras vidas, jamás iluminaremos ni cambiaremos las cosas en este planeta como ha hecho él y su familia. Mírale, porque le debemos mucho y no mirarle es despreciar su sacrificio.

¿Que te parece indigno, cruel, triste? Tú, tú que ves los telediarios repletos de malas noticias. De imágenes desoladoras, de guerras y llantos. ¿tú ahora no quieres mirar a los ojos a ese niño? ¿A ese niño que ha dado su vida junto a su hermano Galip y su madre Rehan por que tú y otros sepan de la existencia miserable de otros millones que no viven en tu mundo perfecto?

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No, ya sé que tu mundo no es perfecto, que hay niños como Aylan que mueren en tu país, en tu ciudad. ¿Pero a cuántos has arropado en tus brazos, a cuántos has acogido en tu casa? No, no tienes palabras ni nada que decir hasta que no lo hayas hecho, hasta que no actuemos en vez de tanto hablar.

Hablamos, mucho, y es gratuito hablar y decir. Todos tenemos opinión, pero no actuamos o nos convencemos que actuamos diciendo cuatro palabras vanas.

La foto de Aylan ha cambiado las cosas, he ahí el poder de una fotografía. Si no quieres verla no la veas, pero ese niño ha dado su vida por ella. Si ahora, donde esté le dijeran si ha merecido la pena perder la vida de esa forma te diría que sí, en su pequeña madurez humana que va más allá de nuestras comodidades y nuestras justificaciones.

La foto de Aylan ha cambiado el curso de una guerra, de una cruel guerra como siempre creada por intereses que todos conocemos pero que no denunciamos. Y no lo hacemos porque mientras tengamos luz y agua en casa, mientras tengamos casa, nada nos importa.

Aylan ha muerto apenas a dos días en auto de mi casa, menos en avión, de mi propia casa. Aylan podría ser mi hija, tienen la misma edad, o la tenían. Yo mismo podría mañana tener que dejar mi hermosa casa, mis comodidades, porque vengan los horrores de una guerra a hacerme huir por salvar la vida y a lo que más amo en esta vida.

Como fotógrafo sé del poder de una fotografía y no puedo más que no poder dejar de mirar esas fotografías y agradecer con toda mi alma a quien las hizo, Nilüfer Demir, a quien las publicó y sobre todo a Aylan y su familia. Porque sacrificaron su vida por llegar a la mía, directamente a mi corazón y al de millones más.

No, muchos de los que la ciencia llama seres humanos tienen poco de humanos. Y no los llamaré animales porque los animales tienen más corazón que la mayoría de los seres humanos. En esta guerra he visto países blindar sus fronteras para que no les «molesten» los que tienen problemas. Pronto puede que ellos serán los que pidan ayuda porque así funciona el universo.

Han sido justamente los países musulmanes y los más religiosos los que han negado el paso a los refugiados sirios, como lo han hecho en otras guerras. Han sido países como ellos los que han negado incluso el que se puedan adoptar niños provenientes de ese conflicto.

Hermanos negando la mano a otros hermanos. Pero no, sé que no han sido los pueblos, sino de nuevo los que supuestamente representan a esos pueblos. ¿Te representan ellos? A mí no.

Estoy harto de esta farsa, de esta mentira sostenida de que unos pocos representan a unos muchos. No, no lo hacen, una y otra vez sus mentiras les despojan de cualquier atisbo de humanidad. Es hora de que los que actuemos seamos nosotros, el pueblo, el que realmente actúa y fuerza las cosas.

Actúa, hoy no te toca, pero quizás mañana sí. Está tan cerca la desgracia de tu casa, tan cerca que nos creemos ciegos y sordos. No, eso siempre les pasa a otros, nosotros lo vemos por la televisión. Qué ingenuo es el ser humano, qué poco empático con su propia especie y con su habitat. Así no llegamos muy lejos, así no.

No podemos ser felices mientras otros sufren, no algunos no, yo no. Puedo crearme un mundo de fantasía y no voy a perder la sonrisa, pero no puedo ser ajeno a una realidad que tengo tan cerca, a un dolor que siento cerca de mi mano.

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Yo he tenido en mi propia casa a refugiados de guerra, he escuchado de sus propios labios sus historias de tristeza. Y no lo digo para agrandar mi ego, sino para saber que mis palabras no son vanas, que sé lo que es sufrir y sé lo que es no tener nada que perder. Mis padres me educaron así, me lo mostraron con el ejemplo, no con mera palabrería. Así soy, y así serán tus hijos cuando te vean actuar de una u otra forma.

Así será el futuro que les daremos a quienes supuestamente amamos. Pero no amamos inteligentemente sino egoístamente. Qué planeta dejaremos para ellos, ¿las migajas del nuestro? ¿No es mejor plantar hoy los árboles que les den sombra, hogar y calor en el futuro? ¿No es mejor plantar hoy la semilla del ejemplo que les haga mejores personas que incluso nosotros?

Solo así cambiaremos el mundo, actuando, andando, caminando. Todo lo demás son palabras que se quedan en el vacío más absoluto. Aylan nos dio un ejemplo, como toda su familia. Un ejemplo de sacrificio, de lucha, de supervivencia. ¿Quieres vivir o sobrevivir? Porque se puede sobrevivir con dos autos, una casa en la playa y la nevera llena de comida, pero se puede estar muriendo a la vez, muriendo en espíritu.

Esta noche, esta noche que está cayendo ahora mismo sorprenderá a miles en el mar, cruzando un mar rumbo a poder seguir teniendo un mañana. Sorprenderá a millones en la carretera, pero sin auto, a pie, con lo puesto y con un bebé de meses en los brazos. Sorprenderá a millones en campos de refugiados haciendo cola para llenar una mugre botella de agua.

La noche sorprenderá a una mayoría que no tendrá un techo para cobijarse. Tú sí, tú tienes la posibilidad de hacer más, ahora, quizás mañana no. Que no te sorprenda la noche en tu alma, que no se oscurezca tu espíritu ni lo que te hace humano. Que se llene de luz y de luz a los que tengan la suerte de cruzarse en tu camino.

Querido Aylan y toda tu familia, gracias. Gracias por el inmenso regalo de tu sacrificio, de tu muerte que dará vida, de tu luz que se apaga pero que ilumina más que nunca. Gracias.

Yo creo y me reafirmo en ello cada vez que lo comparto en seminarios y conferencias, que realmente los fotógrafos somos unos ladrones. Sí, nos adjudicamos la belleza que ven nuestros ojos; la hacemos nuestra robándola de la realidad y haciendo una burda copia con nuestras limitados equipos.

Somos malos fotocopiadores de la armonía y perfección que nos rodea. Ser fotógrafo pienso es tener la sensibilidad y el equipo para saber identificar momentos repletos de armonía e interesantes de compartir a los demás.

Antes incluía el conocimiento, pero ya cualquiera con un teléfono hace fotos medio decentes en modo automático, como la que comparto con este texto y que solo me tomó el trabajo de sacarlo de mi bolsillo ante una estampa tan hermosa. El mérito es de ese caballo, ese árbol y esa puesta de sol, no mío.

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Yo disparo con mis equipos en modo manual porque ninguna cámara sabe lo que yo deseo capturar, pero… debo reconocer que mi teléfono a veces me lee el pensamiento. Cuando veo una puesta de sol como esa admiro la belleza que ella me evoca y mi cámara solo alcanza a capturar una minúscula parte de esa belleza. Luego la comparto en Facebook y todos dicen: hermosa fotografía.

Eso es falso. Lo que era hermosa era esa puesta de sol, o ese señor con aire místico a la orilla del Ganges, o esa pareja besándose y su amor palpitante, o esa novia el día de su boda, o esa bella ceremonia vintage. Lo único que hacemos es robar ese instante para recordar su esencia. Es como un perfume que roba el aroma de una rosa. Jamás será la rosa, pero nos despierta parte de nuestra alma en el recuerdo de un rosal que respiramos una vez.

Por eso quizás lo meramente técnico tampoco nos dice mucho. Nuestro ojo ve muchas líneas, diagonales y proporciones, pero el alma se queda prendada de otras cosas, de esa esencia, de ese no sé qué que nos queda dentro. La fotografía además es de todas las artes una de las pocas que tiene una manera muy particular de controlar la «creatividad» y la «copia» de una obra de arte.

Es algo bastante etéreo y daría para hablar, pero con algunos ejemplos todos lo veremos claro. Si alguien ahora pinta un retrato pictórico de una señora de mediana edad y usa la misma iluminación, colores y esquema que la Monalisa recibirá de todo el mundo la frase de que ha copiado la Leonardo.

No hablamos de inspiración, sino de que la ha «copiado» descaradamente y evitaremos decir que esa persona tiene creatividad o incluso que sea artista. Si en música alguien enlaza los mismos acordes de Yesterday y varía uno o dos y la letra es similar aunque cambien algunas palabras se llevará el abucheo de todos acusándole de plagio.

Pero si alguien ve una foto de Steve McCurry, de James Nachtwey, de Emilio Morenatti o de Walter Astrada y la copia descaradamente puede decir tan pancho que se encontró con la misma situación y características y todos tan contentos. Puede usar exactamente la misma técnica, el mismo equipo, tener la misma luz y procesarla igualita que se queda tan tranquilo y nadie dice nada.

Y seguramente nadie debe decir nada y esto no tiene importancia. Sí, es algo muy complicado pero a la vez da que pensar. Todos hemos visto cómo se fusilan fotos en la red y si hablamos de fotografía de boda ya es para reírnos un rato.

Nadie ha inventado nada y siempre estamos mejorándonos y mejorando lo que hacen los otros. Tampoco vamos a ver esa escena y a no disparar pensando que esa foto «ya existe» porque tampoco es así. Todo es muy relativo.

De la misma manera no voy a decir que se haga una ley o norma que permita controlar eso porque es incontrolable. Además, abusarían muchos. Solo comentar que este arte queda muy al amparo de lo relativo, de una conciencia que muchas veces, al igual que la creatividad, brilla por su ausencia.

En el arte hay dos metas, entre otras mucho más loables, que muchos persiguen y que se hacen peligrosas. Una es el reconocimiento y otra el dinero. Si metemos a las dos en este asunto no hay problema en copiar descaradamente y hacerse el tonto.

Insisto en que en fotografía de boda esto es el pan de cada día, creo que porque normalmente se persiguen solamente esas dos metas y se olvidan las otras. Lo más gracioso es ver cómo incluso unos a otros se acusan de plagio en el tema de los concursos. Ahí nunca me verán, siento que en el arte nadie es mejor que nadie, no hay competición.

Quizás este es un arte con demasiado ego, en el que no tenemos reparo en copiar lo que otro hace y quedarnos tan tranquilos diciendo que solamente tomamos la inspiración pero que lo mejoramos o lo evolucionamos. Nadie inventa nada, yo el primero, pero todos sabemos como en este arte nos adjudicamos cosas y nos gusta alardear.

Lo que sí debo reconocer es que me siento un humilde copista de la belleza que inunda mis ojos cada día. Siento tanto amor y tanta veneración por una puesta de sol que a veces, menos de las que creen, siento la imponderable necesidad de compartirla.

La mayoría de las veces me lo guardo para mí, en un acto quizás de sencillo egoísmo. La mayoría de las veces ni siquiera disparo o saco el teléfono. Yo al menos no me considero fotógrafo por llevar una cámara y acribillar todo lo que se me pone delante. Siento más bien que es una actitud, de culto a la belleza y a la perfección de un mundo que me rodea.

Por eso por ejemplo en mi trabajo con personas trato de capturar esa magia, esas chispas de vida que veo palpitar en las parejas y en los ojos de quien está realmente enamorado.

Y no lo logro como quisiera, la realidad es mucho más hermosa que cualquier copia, por mucho Photoshop que se use. Por eso tampoco uso ese programa, porque me siento un estúpido competidor de una perfección que ya contemplo y que jamás podré ni igualar ni mejorar.

En fin, es solo una manera de ver este arte, un personal y particular modo de compartir la vida, nada más. Otros tendrán enriquecedoras reflexiones, pero raramente las veo en palabras. Veo grandes artistas, pero apenas cuentan qué sienten al levantar sus cámaras. Añoro saber más de la persona que fotografía y de cómo funciona su alma en ese instante mágico.

Tenemos el estereotipo de que el fotógrafo suele ser un tipo serio, callado e introvertido. Creo que es un error limitarnos a decir que ya hablamos con la fotografía como lenguaje o que esta debe hablar por sí sola.

Quizás la foto sí, pero no lo que nos lleva a tomarla, el alma que se impacta de esa imagen, de esa realidad y su sensibilidad y los motivos para compartirla. En fin, cada uno somos un mundo y vemos el mundo de diferente modo. Esa es la riqueza de este universo. Besos y abrazos!

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La vida tiene esas cosas. Después de muchos problemas para organizar el seminario de Lima este año la persona idónea tenía que aparecer en mi camino. Así hizo Sheila y cuando me recibió en el aeropuerto (ni siquiera sabía si alguien iba a por mí) supe que todo estaba de nuevo bajo control. Siempre lo había estado, de una forma mística, como siempre me sucede, pero al saber que ella hacía de ángel de la guardia en esos momentos da más paz.

Pero quedaba una hermosa sorpresa. Tras charlar y charlar ella fue calándome. Me dijo que me quería llevar a un lugar que me iba a gustar. Mucha gente me trata como una estrella y pretenden llevarme a hoteles de lujo y restaurantes caros. Yo no soy así. Ella me caló desde el comienzo y confié plenamente en ella. Llegamos a un lugar junto al río Rimac completamente destruido, en el sentido físico y anímico de la palabra. Era un asentamiento provisional del pueblo Shipibo en Lima.

Los Shipibo vinieron de la selva buscando subsistir con su rica y bella artesanía. Yo no los conocía pero rápidamente me embrujaron. Caminar por estas calles, por decirle un nombre, con ríos de literal… ya saben de qué hablo… desgarra el alma. Pero los niños, los niños sonrían, todos. El miedo no es algo que exista en sus pupilas, solo hay esperanza. Me cautivaron, y varias señales de esas mágicas comenzaron a aflorar. Estaba en ese lugar porque había sido convocado.

Cuando conocí a la señora Olga todo tomó más sentido. Supe que su artesanía estaba basada en una profunda espiritualidad, en sus viajes chamánicos y su vínculo con la selva. Por unos momentos no deseaba más que viajar a su tierra con ellos. Me tuve que conformar con tomarles fotografías en esta nueva etapa de su vida, entre tanta miseria pero siempre brillándoles los ojos. Al menos las fotos servirán para algo.

La biblioteca de la escuelita pronto será una realidad. Bajo esos techos que abrigan con casi 50 grados de temperatura. «Ellos vienen de la selva», me dijeron. Pero yo no podía respirar allá dentro. Creo que es mejor que me calle y dejar a las fotografías hablar por sí solas. Esta es una historia diferente a la que suelen ver en mi site, pero en sí es más mía que muchas otras, porque tiene un mensaje que trasciende el amor, trasciende la existencia misma.

Nos hace plantearnos si somos realmente felices con tantas cosas. Ellos no tienen nada y sin embargo, no tengo duda alguna de que son más felices que la mayoría de nosotros que tenemos auto, trabajo, casa y dinero en el banco.

La belleza de esas precarias casas pintadas recordando su selva natal, los colores, la vida que brota de todos los rincones, incluidos los sucios y mugrientos. La esperanza se abre camino por todos lados. Y fíjense que no es uno de esos asentamientos que he visitado donde nadie trabaja. Allí todos trabajaban, se buscaban la vida, no son vagos de esos a los que la sociedad achaca roles que no son reales. Son supervivientes, o mejor dicho, con esas sonrisas y ese brillo en sus pupilas, son VIVIENTES porque viven la vida de VERDAD.

Para los que gustan de detalles técnicos que vean este enlace donde hablo de la pequeña y humilde cámara que usé.

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Mis queridas Sheila y Olga

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Me encuentro con una pregunta que me realizan muy comunmente y veo a la gente muy perdida y desorientada, sobre todo justificada por supuestas lecciones de escuela y conceptos errados. Me preguntan cómo disparo y cuándo o cuanto disparo para lograr una foto. Muchos esgrimen el que un buen fotógrafo debe disparar poco y de forma acertada. Confunden el disparar a lo loco con ráfaga con el saber lo que haces y conocer las circunstancias y tu equipo.

Ráfagas e iluminación artificial

Es obvio que disparar en ráfagas imágenes que distan milésimas de segundo entre ellas en un estudio delante de una modelo que no se mueve es una estupidez, pero en la calle, en el exterior todo cambia. Hay dos mundos en fotografía, uno es el estudio y otro es el resto del mundo. También hay dos mundos en este arte, el de la iluminación creada y el de la natural. Yo admiro a ambos grandes genios, pero me conmueve profundamente todos esos que lograron imágenes increíbles solo con la luz ambiente que hallaron, sea una farola, el sol o una vela. Ellos capturaron la foto, la luz es la que había y no la manipularon. Para mí tiene un valor extra, sin desmerecer a los demás, solo algo extra que me llega hondo.

Todo cambia cuando fotografías en la calle ante sujetos que ni siquiera saben que están siendo fotografiados o que no están posando. Uno debe BUSCAR la foto y PERSEGUIRLA. Es muy diferente, insisto, el disparar a lo loco que el saber que la siguiente toma seguramente será mejor. Aquí entra en juego también el don del fotógrafo de ANTICIPARSE e INTUIR qué sucederá. Si te CONFORMAS con la primera toma siempre serás un fotógrafo mediocre. Todos los grandes han luchado y perseguido la foto.

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En la escuela me enseñaron…

Si alguien a estas alturas por sus prejuicios de escuela cree que los grandes no disparaban como poseídos persiguiendo la foto que previamente visualizaron en su corazón es que realmente no han estudiado fotografía ni su historia. Es que no han visto a Bresson disparar en la calle (busquen vídeos, infórmense). Hay mucha información, grandes libros, vídeos, películas donde esto es algo evidente. Por ejemplo el gran trabajo de Contactos (https://www.youtube.com/watch?v=VWcE5UMhnKQ) donde pueden ver que lo que digo es cierto y con muchos grandes autores.

Dicho esto les comparto algunas fotografías tomadas en Lima, Perú, en el asentamiento del pueblo indígena Shipibo. Realizadas con la nueva Nikon d3300 (valorada en 650 dólares) con un 35 f1,8G (valorado en 200 dólares), un equipo supuestamente no profesional. Podéis ver más fotos y recortes con zoom para ver la calidad final en este otro enlace… http://www.franrusso.com/nikon-d3300-a-fondo-analisis-de-una-camara-en-condiciones-reales/

Ya saben esa otra historia de la que he hablado mucho. Los equipos caros no son los mejores y lo que todos dicen es lo mejor no suele serlo, sobre todo porque se usan en circunstancias erradas. Ya todos conocen este artículo (http://www.franrusso.com/libros/2011/01/que-camara-es-mejor-la-nikon-d600-d800-o-d700-quizas-no-merecen-la-pena-ante-la-d3s-o-la-d4/) y como compro constantemente equipos para testearlos en circunstancias reales y poder hablar con propiedad y saber del rendimiento real de esos equipos en mi estilo y mi trabajo.

Aquí tienen algunos de esos análisis por si les interesa… http://www.franrusso.com/olympus-omd-em1-analisis-de-por-que-no-me-convence/ o este otro donde se habla de la Panasonic Lumix Gx7…. http://www.franrusso.com/como-enfocar-correctamente-con-una-camara-de-fotos/. Y ya conocen que mi estilo consiste en disparar en exteriores, con luz natural y con aperturas mínimas, de f1,8 o f1,4, algo que con cámaras como estas que comento es una locura. Me remito a hablar de mi estilo, insisto.

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En fin, os explico cómo persigo una foto

Yo llego y lo más importante es que veo la realidad a través del visor. Mis bodas las veo a través del visor. Si esperas a que pasen las cosas y a levantar la cámara habrás perdido muchos momentos. A la vez voy enfocando. Algo indispensable al usar aperturas mínimas, como ahora todo a f1,8 para lograr la profundidad de campo que deseo y su consiguiente efecto.

El encuadre va surgiendo según las necesidades. Os comparto aquí lo que voy pensando y buscando en cada toma como si fueran justamente las hojas de contacto o mi Lightroom, que es donde solamente le doy al final a la foto el toque de «film» que amo, como si estuviera impreso en papel.

En las siguientes fotos veremos cómo reencuadro al ver la escena y sigo disparando buscando una mejor foto. Si quizás la señora me mirase y gesticulase daría una mejor foto. La persigo y efectivamente sucede. No es suerte, no es azar, es buscar, es perseguir e intuir que estas cosas pueden pasar.

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Esta está mejor encuadrada.

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Aquí la mirada de la señora mejora la foto. Pero no me conformo. No bajo la cámara.

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Incluso cuando he cambiado de lugar sigo esperando y de pronto… zas! ocurre!

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En esta otra hallo otra señora casi oculta en su casa. Me ve y sigo disparando, no sin antes bajar unos segundos la cámara y llevármela al corazón. Con una sonrisa y este gesto le comunico que le pido permiso. Ella reacciona…

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Me muestra la muñeca y yo luego con un recorte (casi nunca lo hago, saco más a relucir su gesto).

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En esta foto veo la niña en la puerta y al otro niño jugando y quiero hacer esa composición.

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La otra foto era mejor por la postura del niño, pero yo insisto. Nunca sabes qué pasará.

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Me seduce la postura de la niña en la puerta, su timidez, su pequeñez. Persigo la foto por si logro algo mejor.

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Me acerco un poco, sonriendo. La niña aún me mira. Me juego que le de miedo, pero sonrío. Debo intentarlo.

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Parece que se me escapa, incluso cierra la puerta, pero yo sigo.

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Ella toma confianza y tengo ya una mejor foto. Pero no me conformo, sigo disparando. Entre estas fotos hay algunas más que he borrado por ser completamente iguales. Pero quiero dejar estas aunque sean muy similares para ver que uno debe tener paciencia y comprobar los microgestos que diferencian unas de otras.

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Ahora la pierna de la niña da una foto mucho mejor. Sigo disparando. Quién sabe qué pasará.

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Ahora la mirada enriquece más la foto y el dibujo de la pared la hace maravillosa.

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Decido dar unos pasos más y ella se esconde.

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Un poco más. Cierra la puerta, pero yo sé que su curiosidad hará que mire. Busco una foto, la he visto ya antes en mi corazón. La persigo.

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Y finalmente la logro. Ahí está. Lo que buscaba. Junto con la serie completa tengo la historia.